Cristianos en armas. De San Agustín al Papa Wojtila

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Cristianos en armas. De San Agustín al Papa Wojtila
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Disponibilidad: En existencia

Mariateresa Fumagalli Beonio Brocchieri
 


Cuando el poder político, bajo el emperador Constantino, elige la protección del Dios de los cristianos abandonando a los viejos dioses del panteón romano, se inicia para la nueva religión un proceso largo, contradictorio y terrible: la incompatibilidad entre la fe cristiana y el servicio militar desaparece y, sólo dos años después de la victoria de Constantino en Ponte Milvio, el concilio de Arlès decreta que "quienes abandonen el ejército serán separados de la comunión". Los símbolos del martirio cristiano -la arena ensangrentada, la fascinación de la lucha, las armas de la virtud, la corona de la victoria- signan el lenguaje y la teoría de la "guerra justa".
Descripción

Detalles

En el Antiguo Testamento, Dios ordena la guerra; en el Evangelio, exhorta al amor y a la paz, "porque, para conquistar el Reino de los Cielos, no son necesarias las armas materiales", como escribe San Jerónimo. Pero cuando el poder político, bajo el emperador Constantino, elige la protección del Dios de los cristianos abandonando a los viejos dioses del panteón romano, se inicia para la nueva religión un proceso largo, contradictorio y terrible: la incompatibilidad entre la fe cristiana y el servicio militar desaparece y, sólo dos años después de la victoria de Constantino en Ponte Milvio, el concilio de Arlès decreta que "quienes abandonen el ejército serán separados de la comunión". Los símbolos del martirio cristiano -la arena ensangrentada, la fascinación de la lucha, las armas de la virtud, la corona de la victoria- signan el lenguaje y la teoría de la "guerra justa". Para el cristiano la guerra se vuelve, entonces, no sólo aceptable sino también meritoria y hasta santa, cuando el enemigo es un pagano o un hereje. Agustín de Hipona escribe: "A veces es necesario que los hombres buenos emprendan la guerra por orden de Dios o del gobierno legítimo".
 
Hoy la mayoría de los cristianos comparte la invitación a la paz, una invitación autorizada y, a menudo, apasionada. ¿Se trata de una conquista definitiva? ¿"Nunca más guerra", como dijo Paulo VI? Queda alguna duda. Pero, ciertamente, como veremos en este libro, el pasado es impresionante?
 
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«Cristianos en armas? recorre antiguas prácticas y teorías de unos quince siglos de Cristianismo, para mostrar con documentos en mano todas las veces que los padres y doctores de la Iglesia, teólogos y santos, han justificado o incluso glorificado la guerra? lo que endulza el catálogo es que Fumagalli demuestra cómo con esta serie de partidarios de la guerra se entrelazan los esfuerzos apasionados de hombres de la Iglesia que intentaron suavizar los conflictos armados dictando reglas orientadas a minimizar el horror, como la condena de la guerra santa por parte de Marsilio de Padua hasta los pronunciamientos pontificios, desde Benedicto XV a Juan XXIII, contra la "inútil matanza". Pero precisamente a causa de esta dialéctica entre "guerreros" y "pacíficos" tendríamos que rechazar el argumento de que los tiempos eran lo que eran. A muchos les ha sido posible ir contra la mentalidad de la propia época?
 
Aunque, en conclusión, Fumagalli ve estas contradicciones como vinculadas con nuestros más profundos instintos de agresividad, yo diría, más bien, que el mensaje evangélico, para transformarse en religión oficial, tuvo que hacer las cuentas con el mundo en el que se insertaba, con los usos y costumbres feroces del Imperio, con la mística guerrera de los pueblos bárbaros?
 
Una cosa es el mensaje cristiano, otra la civilización cristiana como fenómeno romano-barbárico?».
 
UMBERTO ECO ("Pedir perdón", publicado en diario La Nación, 25 de junio de 2006).
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Autor/es Fumagalli Beonio Brocchieri, Mariateresa
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